GATOTERAPIA 2DA. PARTE

Hay estudios suficientes para afirmar que tener un gato es beneficioso para la salud. El amigable contacto con el felino reduce el estrés en sus dueños, se distienden y se tranquilizan. Se ha verificado también que personas con problemas psicológicos mejoraban al tener la compañí­a de un gato.

El gato, basa su relación con sus dueños en un verdadero pacto de tolerancia recí­proca, sin que exista una figura dominante. Se ha comprobado su acción benéfica en personas discapacitadas y en las que sufren transtornos mentales o emocionales:

– El autismo, el Sí­ndrome de Down, la hiperactividad infantil, los desórdenes en la conducta, la depresión .

– Fí­sicos: Entre éstos, la disminución de los niveles de presión sanguí­nea, el aumento del í­ndice de supervivencia de los pacientes que ya han tenido algún episodio cardí­aco, el descenso de los niveles de colesterol y del estrés.

Digamos que, en general, una persona es mucho más saludable cuando tiene un gato.

Hay estudios suficientes para afirmar que tener un gato es beneficioso para la salud. El amigable contacto con el felino reduce el estrés en sus dueños, se distienden y se tranquilizan.

En medicina se están convirtiendo en co-terapeutas capaces de ayudar a los enfermos convalecientes por el mero hecho de estar presentes.
En España La Fundación Purina dispone de varios programas de terapia. Esta fundación también promueve la terapia para niños autistas o con problemas de comportamiento patológico.

Los gatos no pueden curarles, pero se ha comprobado que mejoran, a los deprimidos les devuelven la sonrisa, calman y fortalecen a los enfermos, ayudan a personas con cardiopatí­as, a enfermos de sida, a marginados por la edad, la justicia o la soledad.

La familia también obtiene beneficios terapéuticos y psicológicos con los gatos:

Impulsan y refuerzan la comunicación entre los miembros de la familia.
Fomentan la responsabilidad en personas mayores y niños.
No demandan tanta atención y cuidados como el perro.
Refuerzan actitudes serenas, relajadas y exentas de estrés.
Bajan nuestras constantes vitales en los momentos de afecto y caricias, dándonos seguridad y confianza.
La compañí­a de un gato, ayuda a aceptarse a uno mismo tal cual es, porque los animales no hacen juicios de valor, ni diferencian entre guapos, feos, gordos, ricos o pobres.
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