TERAPIAS CON GATOS

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A la hora de hablar de Terapia animal solemos pensar casi únicamente en los perros, pero también los gatos pueden ser utilizados con excelentes resultados en el tratamiento de personas enfermas o con alguna discapacidad.
En primer lugar, el alto grado de independencia que demuestran los gatos los hace adecuados para convivir con personas que no puedan responsabilizarse de una rigurosa serie de cuidados que requiere una mascota como el perro. Con brindarle lo necesario, el gato podrá desenvolverse bien dentro de la casa, proporcionándole una grata compañí­a al paciente, y desde subidas de ánimo con su amistoso ronroneo, hasta una buena forma de quitarse el estrés con solo acariciarlo.
Además, está comprobado que tener un gato como mascota fomenta la movilidad muscular de los pacientes, y mejora de forma sorprendente el estado de personas con problemas psicológicos y cardiacos.
Si bien existen clí­nicas que preparan gatos expresamente para ser mascotas terapéuticas, la principal cualidad que debe tener un gato para servir a estos fines es ser muy tranquilo y sociable, y sobre todo, muy pero muy cariñoso, ya que esta caracterí­stica es la principal causa de mejora en los pacientes, estimulándolos a generar nuevos ví­nculos con la vida e incitando a superar aquellas trabas, ya sean fí­sicas o psí­quicas, que mantienen a la persona convaleciente.
La terapia con gatos, además de ser una excelente forma de tratar a los pacientes, es una buena oportunidad para los miles de gatos que muchas veces no poseen un hogar, pudiéndose crear estrategias entre centros de salud y Protectoras de Animales y así­ beneficiarse mutuamente y a la sociedad.
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