OSVALDO SORIANO Y SU AMOR POR LOS GATOS

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Lo que es poco conocido de este prolí­fero escritor, es el amor que sentí­a por los gatos y la inspiración que los felinos le generaban.

Hubo muchos gatos importantes en su vida. Todos ellos le marcaron el rumbo en momentos importantí­simos, tanto personales como literarios. Por ejemplo, cuando estaba escribiendo una de sus grandes obras, Triste, solitario y final, su gato negro lo ayudó a resolver una encrucijada de la historia.

En su vida personal, también fueron una gran influencia. Soriano contó que, en un momento, se fue a vivir con una novia, pero como ella era alérgica a los gatos, se separaron a los pocos meses. A veces, el amor a los gatos puede más.

Siempre los felinos estuvieron presentes en su vida, incluso mientras trabajó en Parí­s como periodista, en El ojo de la patria. Osvaldo dijo que allí­ lo visitaba, cada tanto, un hermoso gato equilibrista, que se paseaba por la canaleta del desague.

Pero, quizá, el felino más importante de su vida haya sido Veni. Durante el exilio -en Bélgica, primero, y en Parí­s, después-, lo acompañó este gatito negro, hasta que falleció, ya en Buenos Aires.

En una de las últimas entrevistas que dio, cuando le preguntaron acerca de su biografí­a, Osvaldo Soriano respondió: ¿Cómo hablar de nosotros si no sabemos quienes somos? Yo no tengo biografí­a. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna.

Osvaldo Soriano es uno de los escritores argentinos más reconocidos del siglo XX. Nació en Mar del Plata en el verano de 1943. Su primera obra publicada fue Triste, solitario y finalâ. Su fama llegó tras los años de exilio, con En Buenos Aires no habá más penas ni olvido, novela llevada al cine y premida con el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlí­n. A lo largo de las siguientes dos décadas, escribió varias novelas, cuentos e historias cortas. En 1997, falleció en Buenos Aires.

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