FÁBULAS DE ESOPO CON GATOS

 

Esopo nació en Frigia, Asia Menor en el 550 a.C. Es posible que algunas de los cuentos contadas por Esopo fueran viejas historias contadas de boca en boca, pero también hay que reconocer que fue un agudo observador del comportamiento humano y lo transcribió a sus fábulas. Algunas de éstas, fueron duras crí­ticas al poder polí­tico y a las costumbres sociales contemporáneas, lo que le costó la vida en Delfos, donde fue arrojado desde un barranco.

Muchas de las fábulas de Esopo, fueron reescritos por otros fabulistas como La Fontaine, Samaniego, Iriarte etc. , que han mejorado o adornado literariamente la forma de contar la historia, pero el mensaje es el mismo que brindó Esopo.

 

La fábula es un género literario, que consiste en una historia breve, que transmite una enseñanza (llamada moraleja). La fábula refleja el conjunto de vicios y virtudes humanas, personificado por animales, la idea es enseñar con el ejemplo y tratar de formar mejores personas y la mejor convivencia entre los seres humanos. En general los protagonistas de estas historias son animales que hablan entre ellos y desarrollan la trama del cuento y al final algunos de los protagonistas o el autor indica la moraleja.

Los personajes comunes de las fábulas, como el león, el lobo, el zorro, la oveja, etc. tienen generalmente un rol bastante predecible, (dice Chesterton: muchos hombres aprendieron a conectar las simples y fuertes criaturas con las simples y fuertes verdades). El gato es un personaje un poco cambiante, a veces es astuto e inteligente y otras veces es tonto o malvado. De todos modos es interesante tener en cuenta que en ese momento histórico – siglo VI a.C.- el gato ya participaba de historias contadas por la gente y era parte de la literatura de la época.

1- El Gato y el ratón viejo

Eran muchos los ratones que cazaba cierto gato: pero al fin más advertidos aquellos, determinaron no bajar de los sitios altos y estarse siempre donde no pudiese alcanzarles su incansable enemigo.

No desmayó por esto el gato, sino que, fingiéndose muerto, se colgó por los pies de un madero que habí­a en la pared.

– Es inútil que te hagas el mortecino le dijo un ratón asomándose en su agujero-, porque conozco tus mañas y no pienso moverme de aquí­.

El varón prudente podrá ser engañado una sola vez porque luego no confiará más en falsas palabras.

2- La zorra y el gato

Se alababa una zorra hablando con un gato, de que sabí­a mil medios distintos para preservar su vida, a lo cual contestaba el gato que no era tan sabio, pues sólo confiaba en su ligereza en trepar para salir de cualquier apuro.

Aparecen en esto los perros, y el gato logró escaparse encaramándose a un árbol, pero la zorra, no pudiendo hacer lo mismo, cayó en poder de sus enemigos.

Vale más saber una sola cosa que sea útil, que muchas que no sirven.

 

3- La gata convertida en mujer

Tanto querí­a a una gata muy bella cierto joven, que pidió a Venus la convirtiese en mujer, y accediendo la diosa la transformó en una hermosa y elegante doncella.

Casóse con ella el mancebo, y queriendo Venus probar si habiendo cambiado su forma se habí­an cambiado también, como era de suponer, sus costumbres, hizo que apareciese un ratón delante de la novia, que tan pronto como lo vio en medio de la sala, se olvidó de su nueva figura y se lanzó detrás de él para cogerle. Indignada, la diosa volvió a la transformada gata a su forma primitiva.

Aunque se mude de condición y de estado, siempre se conservan las costumbres primitivas.

 

4-El gato y los ratones (el ratón viejo)

Enterado un gato (Marramaquiz- Samaniego)de que en cierta casa vecina abundaban los ratones, encaminose a ella y en varias veces se engulló cuantos quiso. Los afligidos al ver que cada dí­a faltaban algunos amigos, se dijeron en ratonil confianza:

– Puesto que todos vamos a perecer, cuerdo será quedarse cada uno en su escondrijo, que el gato, por saltarí­n que sea, no podrá llegar entonces hasta nosotros.

Hiciéronlo así­; pero el hambre, que es fecunda en recursos, sugirió al gato de atraérselos nuevamente, para lo cual, colgándose de un palo, fingióse muerto. Los ratoncillos más jóvenes comenzaron a sacar la cabeza, y aun a exponerse a salir, hasta que un ratón viejo (Roepan- Samaniego), que con astucia miraba al gato, exclamó:

– Muerto está, compañeros, pero por lo mismo que está muerto, quedémonos todaví­a aquí­ para no turbar el esposo de los difuntos.

Hay quien asegura que al gato se le bajó la sangre a la cabeza y se murió de veras.

El varón prudente evitará ser engañado con astucias y dobleces.

La experiencia y la prudencia indican que la desconfianza es la madre de la seguridad.

 

5-El gato y el ratón joven

Un ratoncillo sin experiencia, que habí­a caí­do en poder de un gato viejo, imploraba la clemencia de éste entre otras cosas:

-¡Perdonadme la vida por esta vez! Yo no puedo hacer daño alguno, puesto que con poca cosa me alimento. Esperad a que engorde, y entonces podré servir de merienda a vuestros hijos.

-¡A mí­ me vienes con esas patrañas! – exclamó Micifuz- ¿No ves que soy ya gato viejo? Por mi parte, yo no te voy a perdonar. Y en cuanto a mis hijos, ya buscarán cuando necesiten.

Y sin más explicaciones, devoró al Ratoncillo.

La juventud presume de alcanzarlo todo (o que todo lo consigue), y la vejez es inexorable.

6- Los gatos y los ratones

Allá en tiempos remotos, estalló feroz guerra entre gatos y ratones, fatal en la mayor parte de las batallas para los segundos. Mas como quiera que entre los ratones nadie confesaba que las derrotas eran debidas a debilidad o miedo, llegó a prevalecer la opinión de que el no ser conocidos los jefes en lo recio de la pelea contribuí­a a introducir el desorden en las batallas.

Un ratón viejo aconsejó:

– Debemos nombrar muchos generales y hacerles uniformes vistosos, con plumas y penachos en la cabeza, de esta suerte las tropas se agruparán alrededor de sus caudillos y todo el ratonil ejército se batirá como un solo hombre.

Arregladas así­ las cosas, presentose nueva batalla a los Gatos. Pero éstos que, con la facilidad de siempre, arrollaron rápidamente a sus enemigos, no sólo los derrotaron como hasta entonces, sino que, persiguiendo a los que huí­an, pudieron comerse a todos los generales, porque el plumero les impidió ocultarse en sus ratoneras.

Cuantos hay que por culpa del plumero pagan no ya el delito de la cobardí­a, sino el necio pecado de la vanidad!.

 

7-El cascabel del gato

Se dice que habí­a en cierta casa un Gato tan activo y vigilante que no dejaba ni un momento de tranquilidad a los ratones. Y viendo éstos que su número disminuí­a considerablemente, resolvieron reunirse en asamblea, con el fin de hallar solución al difí­cil caso.

Después de haberse discutido y desechado varios proyectos, habló un Ratón menudo y presuntuoso, y dijo que el gato hací­a tantos estragos entre los ratones porque debido a la blandura de sus patas no se le oí­a llegar.

– Yo creo -agregó- que si le pusiéramos un cascabel al cuello, éste nos avisarí­a su aproximación, y tendrí­amos tiempo de ocultarnos. Con tan sencillo expediente nos burlarí­amos del Gato.

Una salva de aplausos cubrió la voz del reformista, que ufano volvió a sentarse lleno de orgullo. Pero un ratón sesudo, que hasta entonces no habí­a hecho más que oí­r y callar, tomó la palabra y dijo con voz grave:

– Amigos mí­os, ese proyecto me parece magní­fico, pero ahora yo pregunto ¿quién va a encargarse de ponerle el cascabel al Gato?

Una cosa es la teorí­a y otra la práctica.

 

 

8- El águila, la gata y la jabalina

Una añosa y copuda encina daba cómodo albergue a un águila en su copa, a una gata en mitad de su tronco y a una jabalina y sus lechones en el hueco de su raí­z. Pací­ficamente viví­an las tres familias al abrigo del árbol, hasta una mañana en que la gata, pérfida y astuta, subió hasta la copa y habló así­ al águila.

– En gran peligro estás, querida amiga. La jabalina no cesa de hozar en los terrenos que nos cercan, y presumo que se propone derribar nuestro árbol, para después comerse nuestros hijos cuando los halle en tierra. ¡ Hay que vivir vigilantes!

Y mientras el águila quedaba suspensa con semejante revelación, la jabalina escuchaba de la Gata enredosa el siguiente chisme:

– He hablado con el águila – le dijo -, y de sus palabras deduzco que acecha un momento en que te marches, para bajar y arrebatarte tus lechones. ¡Debes vivir con cautela!

Aguila y Jabalina resolvieron, en vista de las circunstancias, no abandonar ni un solo instante sus casas respectivas. Y como no salí­an a buscar ví­veres, el terror maternal les costó la vida. Cuando murieron, la gata y sus hijos se deleitaron con los despojos de aquellos que dieron oí­dos a cuentos de vencidad.

Las gentes que se dejan arrastrar a las disputas de los chismosos y demagogos son ví­ctimas sin quererlo de su perversidad.

 

9- El Gato y los gorriones

Un gato y un gorrión trabaron estrecha amistad desde su más tierna infancia. Algunas veces, no obstante, incomodábase el segundo con el primero, pero el gato se limitaba a enseñar las uñas, y el asunto no tení­a otras consecuencias.

Ocurrió cierto dí­a que el Gorrión trabó conocimiento con otro individuo de su especie. Y como ambos eran de carácter pendenciero, se acaloraron una vez y se batieron encarnizadamente. El amigo del Gato llevó la peor parte en aquella lucha, y ciego de cólera, rogó a su antiguo amigo que le vengaze. Hí­zolo así­ el Gato, echando la zarpa al Gorrión victorioso y engulléndoselo de dos bocados. Mas sucedió que al probar la carne de pajarillo, que olvidando por un momento los lazos y afectos de la infancia, se engulló seguidamente al gorrión amigo.

Parece que en esta fábula no se sugirió moraleja, así­ que cada lector puede sacar la conclusión que quiera, pero serí­a bueno pensar que:

A veces es mejor no despertar algunos instintos que llevamos dentro.

Otra versión dice:En cuestiones de familia no debe pedirse – a ser posible- la intervención de los extraños.