CARTA A MIS 11 GATOS QUE SON MI VIDA

Carta a mis once hijos gatunos:

Azabache, mi negrita. Hace 8 años estabas en una jaulita. Rescatada de vaya a saber que penurias, esperando adopción en silencio, viendo como los demás se iban y vos te quedabas por esa ignorancia de la gente de pensar que por ser negra podías traer mala suerte. Azabache, mi compinche, mi amiga silenciosa que sabes acompañarme con tus ojazos verdes, que me lees como un libro abierto y sabes cuando más necesito que te acurruques al lado mío.

Ernesto, vos que llegaste para hacerle compañía a la negra. Mimoso como pocos, igual que tu mamita que unos vecinos lograron rescatar. Que contenta debe estar que vos y tus hermanitos no tuvieron que conocer la calle como ella. Pensar que entrabas en la mano cuando llegaste y ahora sos enorme, no me alcanzan las manos para masajearte la panzota que tenes. Siempre haciendo de las tuyas vos, rebelde y caprichoso como sos.

Jaime, quiso el destino que pasara por la vereda de una veterinaria donde te vendían a vos y a tu hermanita. Vi como se la llevaban a ella y vos tratabas de agarrarla y llorabas cuando veias que se la llevaban. Quiso también el destino que justo en mi billetera tuviera el dinero para “comprarte” y sacarte de ahí. Eras tan chiquito! Me apena pensar en tu mama y papa explotados pero al menos pude sacarte de ahí y asegurarme que tuvieras una familia que no hiciese lo mismo con vos. Sos tan inteligente, tan cariñoso, tan travieso. Me hace feliz verte disfrutar de la vida, ojalá tu hermanita donde quiera que este tenga también una vida feliz.

Frida, mi chiquita sufrida. Vos que vivias en una casa abandonada, ¿Te acordas cuando con el señor de la ferretería nos turnábamos para llevarte comida? El te llevaba el almuerzo y yo la cena. Te escondias debajo de un auto destartalado, y de a poco te fuiste acercando, hasta que te hiciste la costumbre de salir a saludarme cuando me iba a trabajar. Me acuerdo que se vino el frio y vos estabas ahí y yo en casa sin dormir pensando en vos hasta que un dia te enojaste por que te agarre medio a la fuerza y te lleve a casa. Se que no la pasaste bien al principio, que extrañabas tu libertad pero yo solo quería protegerte de los perros y de la gente mala que piensa que un animal en la calle molesta. Se que tampoco la pasas bien ahora, te tenemos que dar siempre una pastillita para tu corazón cansado después tanto andar y te enojas con los controles del Doctor Marcel. Pero se que en el fondo entendes que es por tu bien, por que después de enojarte con nosotros nos perdonas y te venis a dormir a la cama.

 

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Rhianna, mi gorda. Apareciste en la vereda un sábado a la noche. ¿De donde habras venido? Andabas con una familia de vecinos, esperabas que te permitan entrar y te sentaste decepcionada con la cabeza gacha cuando viste que cerraron la puerta. Estabas tan flaquita, comiste tanto esa noche. Y eras brava chiquita, tan brava que no se te podía ni tocar. Pero quien puede culparte?, vaya uno a hacer las cosas que tuviste que pasar que te hicieron vivir a la defensiva, hasta que un día te animaste a subirte a mi regazo, y lloramos las dos de emoción.

Edgardo, a vos te adopto papá antes de conocernos. Que celoso que estabas cuando apareci en la vida de ustedes dos. Te escondías cuando los iba a visitar y te enojabas si yo ponía mi bolso en alguno de tus lugares favoritos. Se que sufriste mucho cuando te mudaste conmigo y los otros gatos. Pero con el tiempo entendiste que ahora eramos una familia y de a poco te

fuiste soltando. Gracias negrito por confiar de a poco en mi y por aprender a querer a tus hermanos!

Alejandro, me acuerdo cuando me llamo papá por teléfono para consultarme si te podíamos adoptar. Estabas en una jaula, en una veterinaria esperando que alguien te lleve a casa. Mirabas por la ventana la gente que pasaba y seguía de largo. Te estabas poniendo grande por esa manía de algunos de querer solo gatitos bebés. Que triste que estabas! Y ahora te vemos jugar contento pero seguís siendo tímido, y venis calladito a buscar mimos apoyando tu patita despacio como pidiendo permiso.

Tyr, vos estabas en el paredón de una casa en venta. Chiquitito y hermoso pensábamos que tenías familia y que solo estabas ahí mirando la gente pasar hasta que volvimos y estabas siguiendo a una familia esperando que te lleven con ellos pero la puerta del auto se cerro y quedaste ahí. Vinimos caminando con vos, te llevaba arropado en la campera y me mirabas. Tenías tanta hambre que nos robaste la cena esa noche y comías gruñendo, claro vaya a saber cuantos días estuviste esperando un platito de comida. Tyrcito, vos que según me cuenta tu papá recorres la casa llorando cuando me voy a trabajar y me buscas debajo de los muebles.

Facundo, que hoy estes vivo es un milagro. Cruzaste la calle desesperado cuando nos viste, apenas podias ver de la infección que tenias en los ojos y te salvaste de refilón que te pise un auto que ni te vio por que eras demasiado chiquito. Viniste con la colita quebrada, hongos que te picaban tanto que te lastimabas. Hoy disfrutas del sol en el patio y haces mil locuras todos los días, el gato malabarista que salta por todos lados y te enojas y lloras de impotencia cuando no llegas a donde están tus hermanos mayores. Nos da pena a tu papá y a mi y te damos una mano para llegar por que quedaste chiquitito, no creces más quizás por que a tu mamita gata le falto comida cuando vos estabas en su panza y quedaste así, gatito en miniatura como te dice tu Doctora Maria Agustina.

Artemisa, no puedo creer que a vos te haya tenido que rescatar de una veterinaria! Te tenían en una jaulita diminuta sin que te puedas mover. Me mirabas y estirabas la patita pidiendo por favor que alguien te saque de ahí. Nos tuvimos que plantar con tu tía Gabriela para sacarte de ahí. Estabas tan flaca que te tenia que envolver en un pullover viejo por que se sentían todos tus huesitos. Me acuerdo de tu mirada suplicante y de como volamos a la veterinaria esa noche por que estabas que te nos ibas. Hoy sos hermosa, peluda, dulce, rellenita.

Y Ragnar, que llegaste hace menos de un mes. Andabas cruzando la avenida atrás de una señora buscando una caricia, casi te atropella el colectivo que me estaba por tomar. Anduvimos buscando a tu familia pero parece que te abandonaron con un añito y ya castrado. Sos tan bueno y dulce, que habrá pasado que te quedaste sin casa? Pero bueno ya estas acá, acostumbrándote a esta casa y a los otros gatos, aventurándote todos los días un poco más, tímidamente entrando a la pieza con miedo a que te retemos, tal vez por que antes no te dejaron subirte a la cama.

¿Qué les puedo decir a ustedes que no les diga todos los días? Los amamos, son nuestros hijos, nuestros compañeros, nuestros amigos. Muchos nos critican a papá y a mí por que “gastamos más en ustedes que en nosotros”, “por que son muchos animales en la casa”, “por que no nos podemos ir de vacaciones a ningún lado con tantos gatos”, “por que los sillones están llenos de

pelos de ustedes”, “por que hay que estar limpiando todo el día”. Ustedes no escuchen eso, nosotros los amamos a ustedes, no imaginamos un solo día sin alguno de ustedes. Siempre hay lugar para uno más. Ustedes son la razón por la que quiero llegar rápido a casa cuando salgo del trabajo, son la razón de mil sonrisas todos los días, me encanta el ruidito que hacen los 11 cuando vienen a comer. Me encanta no poderme mover en la cama por que ustedes vienen a hacernos compañía. La vida no sería lo mismo sin ustedes. El único miedo que tengo es el de que me pase algo y no llegar a estar ahí para ustedes. Son lo más lindo que tenemos, son nuestro tesoro y quiera la vida que compartamos muchísimos años más. Gracias por haberse cruzado en nuestro camino. Les juro que vamos a estar juntos para siempre, en esta vida y si nos toca despedirnos, nos diremos “hasta luego” por que seguro nos vamos a reencontrar.

Mamá